Afiladores resisten en Tuxtla: oficio tradicional enfrenta baja demanda y desconfianza

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-En la capital chiapaneca hay entre 100 y 120 trabajadores dedicados al oficio de afilador quienes sobreviven con ingresos complementarios pues enfrentan una disminución en la clientela por herramientas baratas y percepciones de inseguridad.

Karla García/Bitácora Sur

El oficio de afilar cuchillos, tijeras y herramientas de trabajo persiste en Tuxtla Gutiérrez como una actividad heredada de generación en generación, aunque con una demanda cada vez menor, señaló José Adalberto Gómez Santiago, quien lleva más de una década dedicado a esta labor.

Explicó que este trabajo representa un sustento económico para su familia, aunque no es su única fuente de ingresos, ya que también se desempeña en la albañilería, plomería y pintura.

 

 

“Lo poquito que ganamos es lo que sale para el bienestar de nuestra familia”, comentó.

De acuerdo con Gómez Santiago, actualmente en la capital chiapaneca existen entre 100 y 120 afiladores, cifra menor a la de años anteriores debido a jubilaciones y fallecimientos. Consideró que el oficio “se va perdiendo poco a poco”, en parte por la disminución de clientes.

Detalló que la demanda ha bajado debido a la proliferación de herramientas económicas para afilar en casa, aunque muchas no ofrecen buenos resultados. “Hay gente que compra aparatitos, pero a veces no sirven bien; cuando no funcionan, es cuando nos buscan”, explicó.

En una jornada de trabajo, un afilador puede atender desde dos o tres clientes hasta un máximo de 15 o 20, dependiendo de la actividad del día. El costo promedio por afilar un cuchillo ronda los 50 pesos, aunque puede variar según el tamaño y tipo de herramienta.

El entrevistado también señaló que la inseguridad ha influido en la reducción de clientes, ya que algunas personas desconfían al ver a trabajadores ofreciendo servicios en la calle.

“Piensan que uno puede estar viendo qué tienen o que va a asaltar, pero nosotros salimos a trabajar honradamente”, afirmó.

Además de cuchillos, los afiladores trabajan con tijeras, machetes, herramientas de campo e incluso reparan utensilios de aluminio, lo que amplía el alcance de este oficio tradicional.

Gómez Santiago aprendió el oficio de su padre y otros familiares, quienes le heredaron tanto el conocimiento como las herramientas de trabajo. Sin embargo, reconoció que no necesariamente recomendaría esta actividad a sus hijos debido a las condiciones físicas y económicas que implica.

Para finalizar, hizo un llamado a la ciudadanía a valorar y apoyar este oficio. “Quisiéramos que no se pierda la tradición. Es un trabajo noble y es el sustento de muchas familias”, expresó.

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