Karla García
Cada 5 de septiembre se conmemora la existencia del quetzal, una de las aves más emblemáticas y llamativas de los bosques de niebla de Mesoamérica, cuya supervivencia permanece estrechamente ligada a la conservación de estos ecosistemas y a la protección de las zonas montañosas de Chiapas.
La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) destacó que el quetzal, de nombre científico Pharomachrus mocinno, es el representante de mayor tamaño del orden de los trogoniformes. El ave mide entre 36 y 40 centímetros de longitud y alcanza un peso de entre 180 y 210 gramos.
Una de sus principales características es la iridiscencia de su plumaje, que puede presentar tonalidades verde esmeralda, doradas y azul violeta. Además, machos y hembras muestran diferencias físicas marcadas, particularmente durante su etapa adulta.
Aunque es reconocido principalmente por la belleza de sus plumas, el quetzal también es un depredador activo. Entre sus presas se encuentran reptiles como los llamados dragoncitos del género Abronia, que habitan entre las bromelias del dosel arbóreo.
De acuerdo con la Conanp, el ave suele localizar a sus presas desde perchas situadas incluso a 30 metros de altura y, una vez que las detecta, realiza vuelos rápidos hacia los estratos inferiores del bosque.
En México, la presencia del quetzal está asociada a los bosques de niebla de Chiapas y mantiene una relación estrecha con árboles de la familia Lauraceae, conocidos localmente como aguacatillos, cuyos frutos forman parte importante de su entorno.
Su distribución en la entidad está documentada en la Reserva de la Biosfera El Triunfo, la Reserva de la Biosfera Volcán Tacaná y en bosques bien conservados dentro de Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación (ADVC), como las localizadas en Tapalapa.
Sin embargo, la especie se encuentra catalogada como en peligro de extinción en la NOM-059-SEMARNAT, debido, entre otros factores, a la vulnerabilidad de su hábitat y a su restringido nicho ecológico.
Además de los esfuerzos para proteger al quetzal en su ambiente natural, Chiapas cuenta con uno de los principales antecedentes de conservación de la especie bajo manejo humano en el Zoológico Miguel Álvarez del Toro (ZooMAT).
Entre 2004 y 2020, el zoológico registró el nacimiento de 11 ejemplares en condiciones controladas, mediante un manejo que requirió una dieta específica y espacios con condiciones particulares de humedad y temperatura, similares a las que caracterizan a los bosques de niebla donde habita la especie.
Uno de los aspectos relevantes de este recinto es su experiencia en el manejo reproductivo de la especie. De acuerdo con datos difundidos en 2024, el ZooMAT es uno de los pocos recintos de Latinoamérica que ha logrado reproducir quetzales bajo un programa especializado.
La reproducción y conservación del quetzal representa un desafío debido a las características de su hábitat natural. La especie se desarrolla en zonas de gran altitud, con altos niveles de humedad y condiciones ambientales específicas, además de que sus poblaciones silvestres habitan regiones de difícil acceso.
La pérdida y fragmentación de los bosques de niebla, así como la cacería y el tráfico ilegal de ejemplares, figuran entre las principales amenazas para su permanencia.
En marzo de 2024, un ejemplar de Pharomachrus mocinno capturado en la vía pública de la colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México, fue trasladado a Chiapas después de permanecer temporalmente bajo resguardo en el Zoológico de Chapultepec.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) informó entonces que coordinó el manejo y traslado especializado del ave, en colaboración con personal zoológico y autoridades, para que el ejemplar quedara bajo resguardo del ZooMAT.












