Alfredo Pacheco

En días pasados tras la presentación de un proyecto para mapear el transporte público en Tuxtla Gutiérrez volvió a sonar el tema del reordenamiento del transporte en la capital chiapaneca, sin embargo, me pregunto ¿reordenarlo para quién?

Porque mientras autoridades y transportistas discuten rutas, vialidades, pirataje, tarifas, costos de operación y hasta la posibilidad de modernizar el parque vehicular, hay ciudadanos para quienes abordar una unidad de transporte público no representa simplemente esperar una combi en la esquina: representa enfrentarse todos los días a una ciudad que, literalmente, no está diseñada para ellos.

Las personas con discapacidad siguen teniendo enormes dificultades para trasladarse por la ciudad, y eso no es un asunto menor ni una cuestión de comodidad. Es un problema de derechos.

Ayer le pregunté a la diputada local por Morena, Luz María Castillo Moreno quien preside la Comisión de Atención a Grupos en Situación de Vulnerabilidad e Inclusión del Congreso del Estado sobre ese tema y me dijo que reconoce que se trabaja con la Secretaría de Movilidad y Transporte para empatar la legislación federal con la estatal y establecer un apartado de movilidad y transporte inclusivo.

Pero, es ahí donde veo un verdadero desafío, el que la inclusión no termine convertida en otro capítulo de buenas intenciones legislativas, y que solo quede en papel y no se desarrolle en bien de quienes lo necesitan.

Y es que de poco sirve que se proponga abrir oportunidades laborales para personas con discapacidad si después no existen las condiciones para que ellas puedan llegar a su trabajo. ¿De qué sirve hablar de inclusión educativa, laboral y social si desplazarse de un punto a otro de la ciudad se convierte en una carrera de obstáculos?

En ese sentido recuerdo un fatal accidente ocurrido hace un par de meses en Tuxtla; en el que un adulto mayor que se desplazaba en silla de ruedas por la ciclovía fue atropellado a unos metros de la iglesia de Guadalupe y lamentablemente falleció.

Y es claro que no debería ser necesario que ocurra una tragedia como esa para recordar que la movilidad también salva vidas.

Pues mientras, el debate actual del transporte parece concentrarse en costos, pues los concesionarios enfocados en el tema económico, advierten que no es viable reordenar las rutas de colectivos de Tuxtla sin resolver primero el pirataje, la falta de vialidades y el rezago de aproximadamente cuatro años en la actualización de la tarifa. Incluso plantean que el pasaje debería llegar a 18 pesos, aunque reconocen el impacto que tendría en la economía de los usuarios y proponen alternativas como subsidios o fideicomisos.

Se puedo entender que el tema de los dineros define casi siempre las conversaciones, no obstante, hay algo que no puede quedar atrapado en esa discusión: la accesibilidad.

Un transporte verdaderamente moderno no se mide únicamente por cuántas rutas tiene, cuánto cuesta el pasaje o qué tan rápido atraviesa la ciudad. También se mide por cuántas personas puede transportar sin discriminarlas por su condición física.

Tuxtla necesita unidades accesibles, rampas funcionales, espacios seguros para sillas de ruedas, operadores capacitados, paradas adecuadas y vialidades pensadas desde una perspectiva universal.

Y eso cuesta dinero, sí.

Pero también cuesta mucho más mantener una ciudad que obliga a una parte de sus habitantes a depender de familiares, taxis especiales o de la buena voluntad de terceros para hacer algo tan elemental como ir a trabajar, estudiar, acudir a una consulta o simplemente salir de casa.

La diputada Castillo Moreno habla de un “engranaje” en el que deben avanzar juntos Congreso y Gobierno del Estado. Tiene razón. Pero ese engranaje necesita fechas, presupuesto, metas verificables y, sobre todo, resultados.

Asimismo reconoció que esta Legislatura no alcanzará a resolverlo todo y confía en que quien ocupe posteriormente su curul continúe el trabajo, y honestamente creo que la inclusión no debería depender de quién ocupe una curul ni de quién encabece una Secretaría.

Hoy, Tuxtla está frente a la oportunidad de replantear su transporte público pues el mapeo de rutas puede ser el comienzo de algo importante, pero sería un desperdicio si únicamente sirve para mover líneas en un mapa, el verdadero reordenamiento será aquel que permita que todos puedan moverse.

La capital chiapaneca no puede considerarse una ciudad que presume modernidad mientras deja a sus ciudadanos con discapacidad literalmente al margen de la calle, pues el no tener un transporte incluyente es un problema de inclusión, el cual urge atender.

PERSPECTIVA

La Salud mental es un tema que cada día cobra más relevancia, y que ya causa alarma entre las autoridades, pues el aumento de suicidios entre jóvenes en Chiapas es notable.

De acuerdo a las estadísticas de la Fiscalía General del Estado, ya suman 216 suicidios en lo que va de 2026m de los que el 80% de los casos corresponden a varones y el 20% a mujeres, siendo el ahorcamiento, la intoxicación y el uso de armas de fuego los métodos más frecuentes.

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