Karla Garcúa/Bitácora Sur

Las modificaciones a los cauces naturales, el crecimiento urbano sin planeación y la insuficiencia del drenaje pluvial han contribuido a los problemas de encharcamientos e inundaciones que afectan a distintos sectores de Tuxtla Gutiérrez durante la temporada de lluvias.

Marcelino García Benítez, investigador por México adscrito al Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), señaló que el desarrollo de la capital chiapaneca no respetó en diversos puntos la dinámica natural del agua.

Explicó que varios de los 21 arroyos que atravesaban la ciudad fueron rellenados, reencauzados o embovedados conforme avanzó la urbanización. Además, algunas construcciones ocuparon terrenos cercanos a los cauces, lo que redujo el espacio disponible para el escurrimiento durante las lluvias.

El río Sabinal, que cruza Tuxtla Gutiérrez, también presenta modificaciones en sus márgenes, donde se levantaron bardas y construcciones en zonas expuestas a las crecientes. Las características de la cuenca y sus curvas naturales representan otro factor que debe considerarse en la prevención de inundaciones.

A esta situación se suma el arrastre de sedimentos desde la zona norte de la ciudad, principalmente en calles que carecen de pavimentación completa. El material que arrastra la corriente llega a la infraestructura pluvial y reduce su capacidad para desalojar el agua.

El investigador advirtió que la falta de superficies permeables y de un sistema de drenaje suficiente favorece corrientes de mayor volumen y velocidad desde las partes altas e intermedias de la capital. En determinadas circunstancias, estas condiciones pueden poner en riesgo la integridad de la población.

García Benítez también señaló que en algunos sectores la urbanización avanzó sin respetar los cauces naturales, incluso en zonas donde el agua atraviesa terrenos escolares.

Recordó que el agua mantiene su trayectoria natural de escurrimiento, aunque el crecimiento de la ciudad modifique el entorno. Por ello, consideró que las inundaciones no pueden explicarse únicamente por la intensidad de las lluvias, sino también por las condiciones en que se construyeron viviendas e infraestructura.

Entre los factores que agravan el problema mencionó la falta de mantenimiento de los cauces y drenajes, así como la construcción de viviendas sin una adecuada planeación territorial.

Ante este escenario, consideró que ampliar indiscriminadamente la red de drenes pluviales no resolvería por sí sola el problema, pues cada obra requiere mantenimiento y una inversión sostenida de recursos públicos.

En su lugar, propuso elaborar un diagnóstico para identificar los arroyos y sistemas de drenaje que requieren atención prioritaria. Mencionó como ejemplos los sectores de 24 de Junio y Flores Magón, donde consideró necesario revisar el funcionamiento de la infraestructura y determinar el cauce natural del agua.

El especialista advirtió que las lluvias intensas pueden generar afectaciones importantes en distintos puntos de la ciudad, especialmente donde la infraestructura resulta insuficiente frente al volumen de escurrimiento.

También relacionó el deterioro ambiental con los cambios en el uso de suelo y la pérdida de vegetación. Explicó que la reducción de áreas verdes contribuye al aumento de las temperaturas, mientras que la expansión urbana incrementa la presión sobre los servicios y el entorno natural.

Para el investigador, atender las inundaciones exige revisar el modelo de crecimiento de Tuxtla Gutiérrez y priorizar soluciones basadas en las condiciones de cada cuenca, en lugar de limitar la respuesta a obras aisladas cuando comienzan las lluvias.

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